Memorial San Angel

CONTIGO HASTA EL FINAL

Población y muerte en números.

La especie humana comenzamos a poblar el mundo hace más de 200 000 años. En todo ese tiempo la población desarrolló el conocimiento para conseguir sus alimentos, producirlos y transformarlos.  Construimos los diferentes lenguajes que se convirtieron en idiomas. Nos establecimos en lugares para vivir y encontramos métodos para mantenernos vivos y sanos. En todos esos años, la población ha crecido tanto que se calcula que en el último siglo aumenta a un ritmo de 83 millones de personas al año. En nuestros días, hay países más poblados que otros y eso ha provocado desigualdad en los derechos a la alimentación y salud. Los grupos humanos han luchado por los derechos a la reproducción justa y decidida, para que cada persona viva con beneficios y alejada de la pobreza.  Al mismo tiempo que surgen todas estas posibilidades, millones de personas mueren y la relación entre el tiempo que toma el desarrollo de la población para existir, no es proporcional al tiempo que toma en extinguirse.

En todos esos años, la población ha crecido tanto que se calcula que en el último siglo aumenta a un ritmo de 83 millones de personas al año. Clic para tuitear

Para entender un poco más sobre las condiciones en las que la población ha mejorado sus condiciones de vida, es importante entender cómo, por qué morimos y en qué cantidad morimos. Conceptos clave para analizarlo son los índices de natalidad (número de personas que nacen en un lugar y en un período de tiempo determinados en relación con el total de la población); pero sobretodo, la mortalidad (cantidad de personas que mueren en un lugar y en un período determinados en relación con el total de la población) y la morbilidad (cantidad de personas que enferman en un lugar y un período de tiempo determinados en relación con el total de la población). Veamos el siguiente resumen histórico.

El siglo XX nació dejando atrás una historia de guerras y comenzaba una nueva. En 1910 inició la Revolución Mexicana, para 1914 se declaró lo que hasta entonces se llamó la “Gran Guerra”, la Primera Guerra Mundial; en 1917 surgió la Revolución Soviética y en 1918 se desató la primera pandemia del siglo: la Influenza Española, en un año, la suma estimada de muertes por causa de esta enfermedad  fue de 20 a 40 millones de personas, únicamente en América y Europa y esto solo fue el inicio del siglo. La Segunda Guerra Mundial tuvo un saldo estimado de 60 millones muertos entre miembros del ejército y sociedad civil, con el holocausto o el exterminio masivo de personas por razones de identidad comunitaria, religiosa o “raza”, se calcula que 11 millones de personas murieron en  campos de concentración.

El siglo XX también incrementó las guerras de “odio racial”; las persecuciones en los Estados Unidos que ha durado más de un siglo, desde luego ilegales, aún después de la abolición de la esclavitud que en aquel país duró 150 años. Otras persecuciones de carácter económico, étnico y religioso en Europa del Este, África, Asia y Centroamérica, han causado el fenómeno del desplazamiento de personas que cobran el carácter de refugiados; sin trabajo, sin recursos, son condenados a la pobreza y la vulnerabilidad ante las enfermedades. En los últimos años, la oficina del Alto Comisionado para las Naciones Unidas de los Refugiados, ACNUR, tiene el registro de una población migrante de 25 millones de refugiados en todo el mundo.

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La industria de la guerra parece traer grandes beneficios económicos a los países poderosos y a pesar de que empresarios influyentes han advertido que se debe invertir en los servicios de salud del mundo y tener un ejército de médicos casi tan poderoso como el de las guerras, para enfrentar las epidemias recurrentes; y reducir las tasas de morbilidad; tal parece que una naturaleza autodestructiva propia de la especie humana la domina y ahora somos testigos de la primera gran pandemia del siglo XXI cuya la cantidad estimada de personas fallecidas es de más de 500 000, hasta el verano de 2020, eso sin contar que la pandemia del VIH y del cáncer en todas sus posibilidades, suman víctimas mortales al mismo tiempo que vivimos la del Covid-19. Algo que tienen en común estas grandes tragedias epidémicas es que no existe la cura efectiva para estas enfermedades, tampoco existen vacunas, lo que incrementa los índices de morbimortalidad. 

Algo que tienen en común estas grandes tragedias epidémicas es que no existe la cura efectiva para estas enfermedades, tampoco existen vacunas, lo que incrementa los índices de morbimortalidad. Clic para tuitear

La humanidad puede extinguirse muy rápido y no desarrollarse igual en los países pobres, sin embargo, ante la incertidumbre y para minimizar la mortalidad por causas como las guerras, exterminios raciales y pandemias, además de los ministerios de salud de los propios Estados, surgen algunos misioneros de la paz, o bodhisattvas, como se llaman el Budismo y son aquellas personas en las que independientemente de su religión, surge una iniciativa para mejorar los daños y reducir el sufrimiento humano. Algunos con influencia mediática  llevan a cabo obras para contrarrestar la destrucción de la humanidad; cabe recordar el famoso concierto Live Aid que ocurrió en 1985, inspirado por músicos y artistas a partir de reportajes y fotografías sobre la hambruna en África y que consiguió recursos para ayudar a aquellas víctimas; una consecuencia tardía de los excesos cometidos por el colonialismo, que comenzó en el Siglo XVI y terminó hasta mediados del Siglo XX en Asia y que causó el exterminio de diversas poblaciones, como los indígenas en América y la desertificación de las tierras de cultivo producto de la explotación de recursos naturales en ambos continentes, otra consecuencia fueron las epidemias, la viruela y las pestes en América de los siglos XVI al XX y la más terrible: el ébola en África, en los últimos años. 

Otras organizaciones católicas como las Misioneras de la Caridad (www.motherteresa.org), fundada por Teresa de Calcuta en 1950, se enfocan en ayudar a los más pobres de los pobres, sin importar sus condiciones de salud. Los organización Médicos Sin Fronteras (www.msf.org), fundada en París en 1971, son voluntarios que acuden a prestar servicios médicos a las comunidades en situaciones de guerra, refugiados o víctimas de las epidemias y desde luego, mencionar los esfuerzos que la ONU a través de todas sus organizaciones filiales realizan, para dar testimonio y guía de las acciones que se deben planear para que la humanidad viva plenamente su tiempo destinado y sin violencia. Como sociedad debemos responder ante el impulso destructivo de la población y reaccionar ante las guerras y las enfermedades.

Como sociedad debemos responder ante el impulso destructivo de la población y reaccionar ante las guerras y las enfermedades. Clic para tuitear

Diversas circunstancias han incidido en el desarrollo de la población de México. El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, INEGI, registró que durante 2019 en nuestro país nacieron más de 2 millones de personas, mientras que 722 661 fallecieron por enfermedades, homicidio, accidentes y causas naturales, según lo establecido en los certificados de defunción; la mayoría por padecimientos prevenibles en el siguiente orden: enfermedades del corazón, diabetes, tumores malignos y enfermedades del hígado. La obesidad, que entre 2006 y 2018 aumentó un 37%, es causante de otras enfermedades crónicas que a su vez propician un ambiente epidémico como atestiguamos en la reciente Covid-19.

Hay que destacar, que la población mexicana ha tenido un aumento de mortalidad por casos de cáncer, según los registros del INEGI, hoy mueren 84 000 personas por cada 190 000 pacientes enfermos que se tratan y pueden llegar a curarse.

Por desgracia, la causa de muerte por homicidio ha destacado como un problema social que afecta a la población mexicana creando un ambiente de inseguridad social que preocupa.  En 2018, los registros por esta causa se registraron por el INEGI con una incidencia de 14 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Otros factores que inciden en las defunciones de los mexicanos de los últimos años son las enfermedades mentales, como la depresión que causa el suicidio y que en 2018 sumó 6 808 defunciones. Por ello, debemos atender las enfermedades mentales que afectan las emociones, como un problema de salud nacional.

Fuente: Estimación de Salud Global en 2016: Muertes por causa, edad, sexo, por país
y por región, 2000-2016. Ginebra, OMS.

Un dato interesante; en el Informe Panorama Epidemiológico y Estadístico de la Mortalidad por Causas Sujetas a Vigilancia Epidemiológica en México, 2017, de la Secretaría de Salud, llama la atención que el mayor número de muertes del total de la población ocurrió en niños menores de un año; debido a trastornos respiratorios en el período perinatal, malformaciones congénitas cardiovasculares y accidentes. Sin embargo, según los estudios del Consejo Nacional de Población, CONAPO, la mortalidad infantil disminuyó hasta un 90%. En 1930, el 17.8% de los niños morían antes de su primer año de vida; en 2001, solo el 2.4%

También se puede afirmar que hoy en día la esperanza de vida de la población mexicana es de 80 años, cuando a principios del siglo XX era de 35 años.

Un conocimiento más profundo sobre la muerte nos hace valorar más la vida, apreciar su delicado funcionamiento, su vulnerabilidad y llevarnos a seguir estilos de vida saludable. Clic para tuitear

La salud mental y física, es un tema prioritario que debe ser atendido por la población mundial, mantenernos sanos, en especial durante los periodos críticos como el que ahora vivimos. Un conocimiento más profundo sobre la muerte nos hace valorar más la vida, apreciar su delicado funcionamiento, su vulnerabilidad y llevarnos a seguir estilos de vida saludable. Revalorar el sentido de comunidad, vivir en paz, apoyarnos entre nosotros y entender la función orgánica de cada miembro en beneficio de toda la población; el respeto a las diferencias, las relaciones humanas equitativas y que podemos tener una vida significativa y morir con honor y dignidad, sin tener que conformar parte de una estadística alarmante. En Memorial San Ángel reflexionamos y te asesoramos sobre la previsión del último momento que idealmente, sería producto de una vida de la que se ha disfrutado y experimentado en balance, por eso te decimos que estamos contigo hasta el final para ofrecerte la tranquilidad de planear el futuro.

Imagen: es.wikipedia.org

Cementerios convertidos en bosques.

La humanidad, desde los inicios de su existencia, se ha preocupado por establecer un lugar para vivir y otro para morir. Los museos de historia nos dan ejemplos de los enterramientos cerca de los hogares familiares en los que se dio un especial significado a la muerte, debido a los cuidados en el manejo de los fallecidos, las ofrendas y utensilios que se colocaron junto con los cuerpos. Hacía la época de las grandes civilizaciones en Europa, se establecieron lugares llamados: “coemeterium” en latín, que significa; dormitorio. Se trataba de espacios afuera de las ciudades o en la orilla de los caminos para sepultar a los muertos y dejar una lápida indicando quién yacía ahí con algún mensaje para recordar a los viajeros, la brevedad de la vida, Vanitas, vita brevis

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Funerales en 35 milímetros.

El cine es uno de los placeres que disfrutamos y que hemos echado de menos durante esta pandemia de obligado confinamiento. Es curioso que extrañamos ese encierro en la sala oscura, tal vez por ser voluntario y divertido. Con la tecnología actual, sin embargo, podemos acceder a muchas películas que se dan desde diversas plataformas en la red o adquirirlas en diversos formatos y dispositivos. Podemos ver películas de todos los tiempos, internacionales y repetirlas a voluntad; este ha sido unos de los privilegios de los que algunos gozamos durante el encierro.

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Empatía y Compasión ante la Muerte Repentina.

En los tiempos que vivimos donde el miedo a la muerte se hace real, estamos ante la incertidumbre de encontrarnos enfermos y de perder seres queridos repentinamente, enfrentamos la tristeza de recibir una urna de cenizas y de no haber practicado un funeral, una ceremonia, una despedida; queda la impotencia  de no haber hecho nada y de no entender por lo que hemos pasado. Pero viene aquí el momento de reflexión:

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COVID-19 en México: ¿realidad o mentira?

“Esa turba que tienes delante es la de los miserables que yacen insepultos; ese barquero es Caronte; esos a quienes se llevan las aguas, los que han sido enterrados, pues no les es permitido transportar ninguno a las horrendas orillas por la ronca corriente antes que sus huesos hayan descansado en sepultura: cien años tienen que revolotear errantes alrededor de estas playas; admitidos entonces por fin, logran cruzar las deseadas ondas” (Virgilio, 1983, p.132)   

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