Memorial San Angel

Hay funerales festivos…

En este mundo los funerales también son de chile, mole y manteca. Son amplias, diversas y curiosas las costumbres que se tienen para despedir a los fallecidos. Existen culturas y comunidades que le apuestan a decir adiós de maneras menos sobrias, más alegres si se quiere y acompañadas de música, colorido y baile. En Nueva Orleans, la capital del jazz, los velorios son musicales.

La procesión del ataúd es acompañada por una banda que entona himnos tristes y de pesar. Luego, durante el entierro, se alegran los tonos del jazz para crear un ambiente festivo y de conmemoración. El evento puede cerrar con el baile de los presentes para celebrar la vida del fallecido.La mezcla cultural es el origen de estas tradiciones: esta ciudad de Luisiana fue colonia francesa, a la cual los “esclavos” de aquellos tiempos integraron costumbres africanas e incluso la celebración del fallecimiento, propia de vudú haitiano.

Aunque este tipo de funerales festivo antes eran exclusivos de la población afroamericana, los músicos y los pobres, hoy es una elección muy habitual de muchos. El jazz es el perfecto punto medio entre el dolor y la felicidad.Buscando matizar el dolor y la pesadumbre de la pérdida, en algunas partes de Europa, por ejemplo Holanda y Bélgica, se acostumbra contratar payasos en los funerales. Estos personajes producen momentos de comicidad y se esfuerzan por escuchar las risas de los asistentes, siempre con un humor respetuoso que corte la rigidez de la solemnidad.

Ciertamente hay payasos especializados en funerales, cuya misión es contrarrestar la tristeza y llevar a los dolientes a despedir con sonrisas a su ser querido.En algunos lugares de la India, los ritos funerarios bien pueden parecerse a carnavales. Hay cortejos fúnebres que incluso cuentan con una carroza alegórica, ataviada con cintas y flores de colores, y acompasada por el volumen de tambores y platillos. Dependiendo de la importancia del difunto en la comunidad, puede haber hasta fuegos artificiales. Es una despedida entusiasta porque para ellos la muerte es sólo un cambio de cuerpo en el camino de las reencarnaciones.Otro punto del planeta donde en los entierros no se visten de negro ni acompañan en silencio a la persona que se va es en las Islas Célebes, en Indonesia.

La comunidad Toraja concibe el evento mortuorio como una fiesta; un momento de música y baile; un despliegue de júbilo. Además, Los Toraja celebran cada tres años el festival Ma´nene, en el cual las familias exhuman los cuerpos, los limpian, los peinan y visten para pasear con ellos alrededor del pueblo. Mientras tanto se les hace mantenimiento a los ataúdes.En Madagascar tienen una tradición similar llamada Famadihana, evento en el cual de devuelven los difuntos a la vida para bailar juntos, divertirse e incluso platicar con ellos para ponerlos al tanto de qué ha pasado en su ausencia.

Los Malagasi creen que los espíritus de los muertos se reúnen con sus antepasados y con los descendientes en el mismo plano, y eso es motivo para celebrar.Al otro lado del globo, en San Basilio de Palenque, Colombia, el rito funerario Lumbalú se compone de dolorosos cantos de mujeres con tambores y gaitas, que poco a poco se van convirtiendo en una verdadera fiesta. La cantante Petrona Martínez, representante de la música autóctona de la Costa Caribe, interpreta muchas esta música. Una costumbre de despedida que mantiene vivo el legado de los ancestros africanos.Se vale despedir con alegría. Se valen todas las tradiciones originarias, los cantos e instrumentos musicales. Son innumerables y únicas las formas de decir adiós. Memorial San Ángel, ‘Contigo hasta el final’…

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