Memorial San Angel

Vánitas, arte sobre la vida y la muerte.

En las frías mañanas de inicio de año, con la mente fresca, estamos listos para observar los noticieros. Un nuevo enfrentamiento se añade al histórico conflicto entre los Estados Unidos y el Lejano Oriente, las armas de destrucción masiva  y el petróleo, se hacen nombrar con sus intereses económicos. Un arma en las manos de un niño con una historia de desamor en su breve y oscuro pasado. Por si fuera poco, la muerte de dos figuras del deporte nacional y un director de cine, todos reconocidos mundialmente, hombres de talento y disciplina, enfrentan el prematuro fin de sus vidas.

Todos estos hechos inclinan más la cuesta del arranque de ciclo. Queda la reflexión; la vida que es breve y nuestro deseo de prolongarla en ambiciosos proyectos de cualquier índole, no parece tener esperanza o futuro.

Ante un nuevo año por vivir, el pensamiento sobre la muerte, la propia o la ajena, se hace pertinente, aunque parezca contradictorio. Vemos que los años pasan volando, como se dice. Con ese pensamiento, nos preguntamos si la reflexión sobre la vida y la muerte sería la misma en el pasado. Cabe recordar a los pintores de los Países Bajos del siglo XVII, que presentaron una versión sobre el tema de la muerte. Aquellas pinturas nos invitan a la consideración de la vanidad de los bienes y los placeres del mundo. Son pinturas de carácter religioso, no representaban a Cristo, pero hacían énfasis en el precepto del carácter transitorio de la condición humana.

En aquellas pinturas, siempre aparece una calavera o un cráneo que se impone sobre flores y espejos, como testigos del inevitable envejecimiento. Velas consumidas, naipes, alimentos exquisitos, vinos y también sobre los objetos de simbolizan el saber, como los libros o los instrumentos musicales o científicos. Todo aquello representa, la vanidad humana.

Estas obras a las que nos referimos, se llaman pinturas de las Vanidades y fueron realizadas en los países donde tenía una amplia difusión el calvinismo. Su técnica es muy depurada, el dibujo detallado, colores sobrios, los objetos presentados en una composición descriptiva, expuestos a una iluminación dirigida a determinados objetos, como los mencionados cráneos, para emitir un claro mensaje que la verdadera sabiduría o iluminación desciende del cielo. Una invitación para encontrar la prioridades de la vida. Este tipo de piezas se continuaron realizando, abordando los mismos temas, a lo largo de la historia.

Desde luego, la cotidianidad y el pensamiento de los pintores del siglo XVII, nos es distante. Aquellos hombres y mujeres, expuestos a los largos inviernos europeos, limitados alimentos, sin la tecnología de la salud de nuestra época y que morían irremediablemente de padecimientos o infecciones menores… cuántas madres no sobrevivieron a los partos, en medio de precarias condiciones de higiene. La brevedad de la vida era tangible. Por su religiosidad, la forma de vida de aquellas personas privilegiaba los preceptos de austeridad que contrasta con las actividades de nuestro tiempo.

Nuestra actitud contemporánea, podría calificarse de triunfadora, porque muchos de nosotros vivimos años en condiciones de plena salud, gozamos de diversos métodos para perpetuar la juventud y el tema de la muerte se vuelve inmencionable. Somos una sociedad menos rígida y disfrutamos de los placeres de la vida, hasta que abrimos los buscadores de noticias y se presenta esa innombrable, contundente e implacable. 

Las pinturas de Vanidades, también llamadas Vánitas, en latín, parecen reprendernos y asustarnos un poco, por nuestra ambición de permanencia terrenal, por nuestro consumismo y por nuestro deseo de vivir el presente. Hay en ellas un mensaje de previsión del futuro, ilustran el modo de vida de los antiguos calvinistas, familiarizados con la muerte, preparados para recibirla con la debida meditación. Un camino espiritual que prescinde de todo. El anuncio de que nada es para siempre. Esa puede ser una enseñanza para los que vivimos en el presente. A tiempo estamos de hacer un balance sereno entre la buena vida que llevamos y lo inevitable. La previsión es una gran herramienta para este fin y acercarnos a expertos que nos ofrezcan la certeza que, llegado el momento, tendremos un acompañante que con su experiencia nos facilite el camino y nos diga de cerca, contigo hasta el final.

Imagen: Vanitas (1668). Maria van Oosterwijk . Kunsthistorisches Museum Wien, Gemäldegalerie: https://cutt.ly/LrTXU56

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